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Desde que no estás, he sentido que la noche fue hecha para oír como el viento juega disolviendo los aullidos de la ciudad arrojados a la hondura del vacío, revolviéndose en la desesperación de no encontrar oídos por donde asirse…
Desde que no estás, he sabido que la noche fue hecha para sobrevivir a cada uno de los montes de tu cuerpo que aún cubren hasta la mitad del firmamento, justo donde los reflejos más tiernos duelen y pesan.
Desde que no estás, he entendido que la noche fue hecha para que te me aparezcas en la lejanía, con tu rostro como un monumento encumbrado y fulgurante atrayéndome con destellos de plata entre temibles sombras, engullentes y ondulantes que reptan entre los débiles asomos de luz que la luna me alcanza a guiñar.
Desde que no estás, he aceptado que la noche fue hecha para caer al más hondo y seco de los pozos de tu distancia y recorrer una y otra vez el dulce sabor del aire que quedó flotando a tu alrededor cuando con violencia arremetí contra ti y tu inocente memoria ya desmanchada, por demasiadas noches de lluvia que te han visto irrumpir penitente.
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Desde que no estás, he sentido que la noche fue hecha para oír como el viento juega disolviendo los aullidos de la ciudad arrojados a la hondura del vacío, revolviéndose en la desesperación de no encontrar oídos por donde asirse…
Desde que no estás, he sabido que la noche fue hecha para sobrevivir a cada uno de los montes de tu cuerpo que aún cubren hasta la mitad del firmamento, justo donde los reflejos más tiernos duelen y pesan.
Desde que no estás, he entendido que la noche fue hecha para que te me aparezcas en la lejanía, con tu rostro como un monumento encumbrado y fulgurante atrayéndome con destellos de plata entre temibles sombras, engullentes y ondulantes que reptan entre los débiles asomos de luz que la luna me alcanza a guiñar.
Desde que no estás, he aceptado que la noche fue hecha para caer al más hondo y seco de los pozos de tu distancia y recorrer una y otra vez el dulce sabor del aire que quedó flotando a tu alrededor cuando con violencia arremetí contra ti y tu inocente memoria ya desmanchada, por demasiadas noches de lluvia que te han visto irrumpir penitente.
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