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aaaaaaEL desVELO poetístico-MÍSTICO & perorático-orático DE UN pituco de lo más FLAITE...
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29.9.07

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El Cepillín
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Ya era tarde y el tiempo para almorzar era algo estrecho.
A pesar de o por no conocernos, mi intención era la de materializar un encuentro que luciese algún rasgo memorable.
La primera vez que nos vimos fue algo así como el re-encuentro con un viejo amigo del que hemos olvidado el cariñoso apodo con que lo llamábamos. Poco a poco, el silencio del desvelo fisonómico fue otorgando el espacio necesario para la plática entrada ya en cierto dinamismo que siempre es agradecida.
Te dije que iba a buscar el auto, fui pensando calmo dónde debía ser nuestro almuerzo tan esperado de hambre y ansia...
EL viaje fue con vistas en movimiento de carreteras grises y montes verdes con algún árbol solitario en la distancia que, creo haber apuntado. Banda sonora francesa y de Cabo Verde. Tú me decías que escuchabas Évora en el viaje hacia acá.
Te imaginé con su canción intraducible de melancolía y soledad mirando por la ventana mientras el paisaje te bailaba como una musa entre la niebla, tenue y fluida.
Conversamos poco, lo justo más bien. Cuando llegamos y bajamos del auto el aire nos empapó de toda la camaradería de provincia y de relajo marino.
La costa nos llamó y la seguimos haciéndonos paso entre el laberinto interminable de colores y de personas desconocidas con caras de amigo que voceaban su picá’.
Te saqué una foto desde ahí, como uno de aquellos quiltros que te vio pasar.
Paseamos por la línea de tren compartiendo largas miradas que escondimos entre la ropa tendida y el reflejo del sol en las olas. Embriagante aroma de verde mar, botes amarillos, cielos azules y pescadores que nos vieron tan extrañados; como nosotros el compartir aquel momento. Nos quedamos así, erguidos y quietos frente al mar observando su marea débil, brillante y espumosa que fue preparando silenciosamente la alquimia que viviríamos más tarde.

Desembocamos por las culebreantes callejuelas hasta quedar frente a frente con el Capitán -como le gustaba que lo llamaran- quizás recordando un tiempo en que fue más felíz y apreciado. En el Barrio chino era “el Cepillín”.
Su fascie era triste, como rasgada por llagas de interminables llantos que nunca encontraron un por qué.
Nos abordó algo brusco, quería que le diéramos la mano, quizás que no se la soltáramos nunca más. Hablaba fuerte y amenazador como un niño cuando tiene miedo.
El brillo perdido de su mirada me hizo buscarlo incansablemente hasta encontrarlo en un sonrisa de esas que se dibujan cuando se pierde la conciencia de sí. Creo recordar cómo me lo agradeció con un ¡salud!

El almuerzo ocupó un segundo piso con paisajes rurales desteñidos e infantiles desparramados sobre la pared. Me gustaron. Me gustó más la compañía.
Brindamos, comimos, más que nada nos comunicamos, escuchamos respetuosamente al capitán, vivimos con él su pena, su cariño y su gloria, nos conectamos con la mirada media nublada de lágrimas que luchan por no ser descubiertas. Me fui al baño cuando comenzaron a jugar al gallito, respiré tranquilo, sentí que te divertías.

Y llegó la hora de tu Bus. Tratamos de explicar sin mucho éxito, por cierto. Él nos abrazó mucho, o al menos lo sentí así…
Quiso ir de copas con nosotros. ¡Qué difícil, Yo también quería!
Lo dejamos confuso y melancólico, achicándose en el retrovisor.

Ya en Concepción nos bajamos para despedirnos, para abrazarnos largamente como asegurando la existencia de aquel extraño mundo, en el que no viven demasiadas palabras para sentirse comunicados y en el que el recuerdo pintado por la memoria lucirá hasta siempre sus Colleras para el papá, Ci-dís, El bote Pituco, Pílsener, torneo de gallitos, Carné de salud mental, y el Espejo con que aún me afeito
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14.9.07

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el Albor



La oquedad de la noche estrecha, sumerge y esconde.Nazco de las veredas, me destierro al pavimento, tropiezo con calles, torres y perros.

Mi sombra coquetea, ondea y se alarga cuando no la miro.Un hilo de voz surca el cableado, perfuma la oscuridad, escucha y me alienta.Miles de luces flotan conmigo, sostengo el destello lo más que puedo.

Los pasos se aprietan, el pulso murmura, frío en la búsqueda y rapidez en el andar…


...Cuándo fue la última vez que me sentí libre?


Persigo al movimiento, lubrico los segundos, el piso tiembla y me abandona, mi sombra ya no parece seguirme…

...Cuándo fue la última vez que mire al cielo?


Me veo vivo y vuelvo. Sobre el horizonte asoma una presencia…

...Cuándo fue la última vez que miré directo a los ojos?


El cielo resplandece de arrebol que se ha vuelto llovizna para difundir en mil direcciones. Calor, silencio, intensidad e inmensidad. Tanto amor… Creo, uno, repliego y renazco…


… Cuándo fue la última vez que nací?


El mundo amanece de un eclipse de luna. En vuelo constriño el sentido de la partícula y el todo. Destilo la convexidad por donde transfunde la infinitud. Brota un albor.…


Cuándo fue la última vez que me reconocí?










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Hoy atardeció sin completar

Con Sol dorado y matices de Divinidad

Con cadencia de olas mansas y trinares de cobijo

Con aromas a humo de fuegos lejanos y extintos

Y con una brisa marina suave que fue descubriendo la falta de tu presencia

que me invento para llenar mi atardecer fragmentario

que luchó por ser perfecto…



















Los terneros de Raq'Co


Fijamos las miradas los unos en los otros.
Expelidos de las líneas del tiempo, envueltos por el silencio,
entumeciéndonos de inmovilidad que se infiltra cruzando las venas en invisibles reflejos de la escarcha que nos circunda.
Pendemos juntos como pesadas cuentas en un gran rosario de cristal sin principio ni final. Enfrentados y contiguos pero distantes en polaridad.
Aguantamos la respiración que vaporiza las siluetas sellando el calambre que va purificando desde la cabeza hasta los cuartos traseros.
Las manchas de los demás se diluyen en lagunas informes de precaria estabilidad en el dibujo y el color, van de negro a gris a blanco y de vuelta…
El sol nos acaricia con estupor centellante, suaviza la agitación de las hierbas replegándose fuera de nuestra mirada que se desdibuja en fugaces espejismos irisados, opalescentes, sagrados.
El sentido del equilibrio se desvanece con la suave brisa, destellando en sólo una gran paz que atesoramos secretamente para ti.
Aguardamos en éxtasis, a la espera de algo grande que está por ocurrir…
Llegas y te das cuenta que esperábamos por ti todo este tiempo.
Te buscábamos con la conjunción, con la hermandad.
Te presentíamos con la unidad y con la sintonía que evocábamos desde el día en que naciste.


Éste es tu regalo…
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Te veo desde la oscuridad otra vez,
sentado en mi rincón, repitiendo el rito primigenio que aún me empeño en conservar,

protegido de ti, de tu mirada y de la amenazante cadencia

de tu cuerpo que me impele hacia esa atmósfera que sólo se respira con

voluptuosidad y que rocías sobre el ambiente como las gotas de lluvia que se

ciernen profusas sobre el vidrio de la habitación que nos sirve de templo y
amuleto,



y me pregunto hasta cuándo aguantará sin ceder…

















Nina







-¿Algo para beber?-



Pregunta la mujer apoyada rebosante sobre el mostrador.
Y a mí me da la impresión de que si se comiera una sola albóndiga más le reventarían fácilmente esos ojitos tan henchidos de sustancias glicéridas y colesterificantes.



Mudo me voy con mi temor y mi ensalada con merquén a sentar algo más lejos del zorzal que me la mira con ganas de querer sabroseársela toda para sí (sésamo sobre todo).
Entre tanto verde refractario del parque al mediodía, el agobioso calor instiga a mi pobre mente incoherente y prosaica a volar vagabunda sobre el entorno. Me distrae una bizarra dupla que se acerca con paso cansino a mi banca casi rota. No puedo dejar de preguntarme en qué diablos irá pensando aquel perrito fi-fí que pasea junto a tal señora pirula, ya entrada en años y de pelo color violáceo-amoratado.
-“¿Por qué cresta esta viejuja no me saca la chomba de lana en pleno día cuasi estival, nada menos que en mitad y medio de él?”-
El Sol justo en el cenit y el rojo itálico del chaleco del perrito parece más rabioso y calorificante que una estufa a combustión lenta de esas caras y con el tiraje a todo cuete.
Hay que ser valiente para ser poodle-toy, reflexiono, sobre todo de una veterana que proyecta sus más siniestros y enrulados experimentos capilares en su mini-maqueta-canina. Solidarizo con él, pues yo también, dicho sea de paso,
tengo los míos propios. El Waldo y el o la… eh… Sexo indefinido. ¿Hasta cuándo no sabré cómo nombrarl@?... Intrigante no más. Ceo que hasta disfruta viéndome la cara de duda que debo poner al llamarl@. Ambos son recogidos (o secuestrados) de la calle, con colas batientes de convalescencia post-tiña y de saciedad de hambruna. Ayer el vecino me escupió un ultimátum, pues el o la sexo indef. le ha dado por ir a meterse al lado a jugar con sus gatos. Es pequeñ@ y no tiene problemas para escabullirse por entre el enrejado de madera medio percán que las polillas han terminado de poseer. Dice que se los espanta. Las veces que yo l@ he visto sólo juega con ellos y los trata de imitar sus posiciones y estiramientos que se ven, pa’ qué estar con cuestiones, bastante raras para un(a) perr@.







Ahí uno se da cuenta que las personas no tienen ni el más pálido asomo de tolerancia para con lo diferente. Qué importa si el (la) perrit@ es víctima de un desorden de personalidad?, qué importa si traiciona su genotipia asumiendo ese transvestismo de especies? Primero el vecino deja caer una sopeada insinuación sobre por qué mejor no metía los quiltros en la perrera municipal.
–No- Dije.
Pero él insiste en hacer las de torturador de la DINA dejando la amenaza flotando pesada en el aire como esos cometas de dieciocho conocidos como pavos que rasgan el jardín de colores que los volantines riegan en el azul manto de septiembre.



Ese día me empeñé en martillar, clavetear y tablear todo el perímetro de la casa. Terminé cuando la sentí como Alcatraz.



Al día siguiente el (la) perrti@ no apareció a la hora de cenar y Waldo y sus ojos tristes no supieron qué decir...





























Aníbal Posmo








Aníbal no le hace caso a su papá y enfila en sentido contrario. Y cómo culparlo?
Si yo tuviera (hubiese tenido) un Papá como ese así, medio punk veiteañero, que no parece tener pinta ni de saber cómo lustrarse así mismo, tampoco le haría mucho caso.Aníbal me mira desde los brazos de su progenitor con ojos de víctima-cómplice. Es lo que hay!, me guiña. Te entiendo Aníbal, nos comió el sistema… Pero sin duda tu estrafalario padre tendrá más tolerancia y amplitud contigo. Veremos los resultados en 10 años o más. Ahí nos quiero ver. Cuando las generaciones del playstaychon, del aro en la guata, del cinturón con cadenas y pantalón a medio poto lleguen al poder con sus frutos crecidos, madurando y llegando a la edad del pavo que ya no será tan pavo si no de un sucedáneo algo más sintético. No me lo pierdo.El guardia le entrega la pelota que perdió Aníbal y se da cuenta que el papá bien podría ser el punky borrachín derramado y fermentado fuera de la biblioteca central o estilando hasta la ponchera en la laguna de los patos. Qué ironía pensará Don guardia… Aunque es más probable que sea sólo yo el único huevón pensando en esas huevás.

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